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El papel de los acompañantes en la conducción es algo bastante discutido. Mientras unos abogan por las ventajas de ir con otras personas en le coche para evitar que nos venza la fatiga al volante o que nos despistemos otros aseguran que el copiloto y los otros pasajeros suponen más una distracción que aumenta las posibilidades de sufrir un accidente de tráfico.

Desde Furauto pensamos que la verdad sobre este asunto se encuentra, como tantas otras veces, en el punto medio. Es cierto que viajar acompañado por carretera es una buena forma de mantenernos alerta y no sucumbir a la monotonía del camino.

Sin embargo, no se puede negar que el copiloto puede convertirse en una fuente de estrés que nos impida prestas la debida atención al estado del tráfico y de la vía. Todo depende de cuál sea el comportamiento de esa persona que se sienta a nuestro lado mientras cogemos el coche.

Como dice el refranero popular, cuatro ojos ven más que dos. Un copiloto atento puede ayudarnos a no pasar por alto un desvío e incluso a que reaccionemos a tiempo para eludir una inminente colisión.

Pero cuando resulta que el copiloto da la voz de alarma de forma casi permanente lo único que se consigue es que todo el mundo acabe con los nervios de punta y se cometan errores.

Otra mala costumbre que el copiloto debe esforzarse por reducir al máximo consiste en proferir un aluvión de quejas. Que si hace calor, que si la cola de vehículos se mueve muy despacio, que si falta mucho para llegar… El trayecto en coche forma parte del viaje y por mucho que se importune al conductor no van a acortarse las distancias ni va a cambiar el clima.

Y por supuesto, si hay algo que los acompañantes no debería hacer en absoluto es manipular los dispositivos del coche. Encender la radio está bien pero algunos copilotos se exceden activando el limpiaparabrisas o intentan agarrar el volante en los casos más extremos. Dejar que el conductor haga su trabajo suele ser la decisión más sabia si no se quiere poner en riesgo la seguridad vial.

Por último, no hay que olvidar que el copiloto es el responsable de mantener el orden en el coche. Los viajes en familia son un ejemplo claro en este sentido. Si vas con niños pequeños lo normal es que sea tu acompañante el que se encargue de poner paz en las discusiones y de que no haya nada que tape las lunas traseras y entorpezca la vista.

En suma, la misión de los acompañantes en la conducción es asistir a la persona que está manejando el vehículo para que ésta no parte las manos del volante ni los ojos de la carretera. ¡Seamos un apoyo para las personas con las que viajamos!