Conducir cuando una tormenta de verano nos pilla desprevenidos no es algo sencillo. Durante la época estival el sol y el calor son la norma por lo que no estamos en guardia frente a las sorpresas que a veces nos trae el clima.
En esencia, una tormenta de verano es una fuerte tromba de agua que aparece sin previo aviso. Ni que decir tiene que estas lluvias cambian por completo las condiciones de la carretera en cuestión de minutos. Enfrentarse a estos chaparrones requiere toda nuestra atención para no llevarnos ningún susto innecesario mientras conducimos.
El calor y la sequedad del verano provocan la acumulación de polvo, aceite y restos de suciedad en el asfalto. Esto implica que cuando caen las primeras gotas de una tormenta veraniega todos esos elementos se mezclan con el agua creando una película muy resbaladiza que convierte la calzada en una superficie traicionera.
Por este motivo, el agarre de los neumáticos se reduce drásticamente justo al principio del aguacero. Para evitar perder el control de tu coche es fundamental que levantes el pie del acelerador en cuanto veas que el cielo se oscurece y empieza a llover.
Ojo, reducir la velocidad no basta. También tienes que aumentar la distancia de seguridad. En estas circunstancias, los frenos no responden con la misma eficacia y necesitarás unos metros extra para detener el coche por completo si surge algún problema.
Y, como no podía ser de otro modo, la buena visibilidad en carretera es otro de los aspectos a considerar. El fuerte contraste entre el calor exterior de la carretera y el agua fría que cae sobre tu vehículo hace que los cristales del coche se empañen casi al instante.
No esperes a perder la visión de tu entorno. Enciende el aire acondicionado y dirige el flujo de corriente hacia el parabrisas para eliminar el vaho con rapidez. Además, mantener el climatizador en funcionamiento también te ayudará a conservar un ambiente seco en el interior del coche.
Otra situación bastante habitual en las tormentas de verano es la formación de grandes balsas de agua en muy poco tiempo. Si te encuentras con un charco profundo lo que debes hacer es sujetar el volante con firmeza, mantener una trayectoria recta y atravesarlo manteniendo una velocidad constante. ¡El aquaplaning es peligro en cualquier época del año!
Por último, es importante que tengas en cuenta que las tormentas de verano suelen ser tan intensas como breves. Si el aguacero es tan fuerte que los limpiaparabrisas no dan abasto lo más sensato es buscar un lugar seguro donde detener el coche y esperar a que escampe.
En definitiva, afrontar una tormenta de verano exige tener la cabeza fría, aplicar el sentido común y tirar de la experiencia que has acumulado como conductor. ¡La paciencia es tu mejor aliada cuando el clima se pone en tu contra!